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Quiebre de afección
Oct - Dic 2020 - Museo de Historia “El Centenario”, SPGG. N.L.

“Obituario de las Américas”, óleo s/tela, 120 x 170 cm, 2020.



ROJO PASTEL

Por Diana Garza Islas

La primera imagen que me viene al evocar el trabajo de Karen: una gama que va del rojo diablo al rosa pastel. Y cómo combina el negro con la bruma. Desde el puro plano del color, Karen pone el dedo sobre lo íntimamente necrosado.

¿O qué tienen en común un estibador de gasolina en Nigeria y Sinead O’Connor? El corpus que nos exhibe Karen trata de ello: del abuso contra las mujeres, contra los niños, contra todos los otros. Esta obra es explícita: no hay misterio, pero justo ahí podemos detenernos un poco, porque no hay cosa más misteriosa que lo que se ve a simple vista.

Si la realidad ya la vivimos, ¿para qué quisiéramos repetirla en el arte? Al revisar la pintura de esta artista pienso que lo que se calca es la repetición, pero lo que marca, lo que hiende, es la diferencia: el detalle. El proceso es este: calcar para producir otras imágenes, para acaso borrarlas al repetirlas.

¿En la repetición del monstruo, mostrándolo, podemos escapar de él?

En su libro Transformations, la poeta norteamericana Anne Sexton desvió los cuentos de los hermanos Grimm, que a su vez ya habían sido modificados vía Disney. Karen hace una operación similar en su obra: transforma las leyendas que nos han contado sobre la belleza, el dinero y el poder, desde la demostración del asco que entrañan.

Etimológicamente, monstruo deriva de monstrare; luego, sí: mostrarse es monstruoso.

Pienso que Karen se muestra a ella misma desde su técnica. Refleja esos monstruos que la acechan: la búsqueda de perfección, la insistencia en expectativas exacerbadas de una misma como artista o la autofagia. Su obra se mantiene en esa tensión. Siempre a la defensiva, con las uñas de fuera, con las llaves sostenidas entre los nudillos, por si acaso. Su técnica, obsesivamente depurada, es el reflejo de esa ansiedad característica de las mujeres artistas, que internalizamos el mandato de ser triplemente perfectas para ser consideradas por nosotras mismas como tales.

Paradójicamente, pienso que si algo le falta a esta obra es belleza. Al menos en el sentido que lo piensa Byung- Chul Han en La salvación de lo bello. Contra esa estética imperante de lo pulido, lo liso, lo impecable, el filósofo apuesta por una que reivindique la belleza como aquello que contiene su propia imperfección.

La estética de Karen, decía, es acaso demasiado perfecta. La nuca y la mandíbula se tensan al entrar a estas imágenes que casi no dan espacio a la imaginación: te lo están diciendo todo para que decidas o no verlo; pues la imagen —literalmente— está en el ojo de quién la mira, no afuera. Podríamos pensar incluso en un arte retiniano desde otro sentido si consideramos que ya hay una operación crítica y activa desde el ojo. La retina transforma, invierte. El ojo también piensa y discrimina.

Por ejemplo: ¿Cuál es la semejanza entre los cuerpos exhibidos en un burdel y una carne empaquetada en la congeladora del supermercado?

Que un cuerpo —lo que verdaderamente puede un cuerpo— no se puede comprar.

Como no es posible comprar el arte.

Esto, el ojo, también lo sabe ver.

***


Hay tres brujas que me atraen en Quiebre de afección: la buena, la mala y la roja.

Una: La bruja-princesa-buena está indispuesta —e indisponible en esta exhibición— (pueden verla en el ig de la artista: @karenreyesssss, 14 de julio.) La describo: una chica se derrite en un éxtasis zombie, al fondo el castillo legendario. Digamos que se titula “Paraíso”, dijo Karen de esta pieza. La chica ha sido desterrada de él, pero se enraíza, se estanca en ese recuerdo de cierto paraíso que solemos recordar haber perdido. Este es un primer momento de reconocimiento de nosotras.

Dos: La bruja-reina mala en una cámara de ecos atormentada por su vejez, por las nuevas pieles, madre Cronos, Es la madrastra enemiga que mira con sospecha, el cliché de una forma de interacción femenina que se ha perpetuado para enemistarnos desde competencias ridículas por ser la más bonita para. Un segundo momento de nosotras, que haremos consciente para suprimirlo.

Tres: La bruja-reina roja, la que esperamos. Roja de tanta furia sanguínea, pero roja también como la última de las tres fases para la transmutación de la materia.

Rubedo. Pero este oro es distinto.

La bruja roja representa el encuentro entre la antítesis última: entre la realeza y lo real. En esta pintura, la reina —llamémosla Queen E.— mira, petrificada, cómo una figura amenazadoramente roja va avanzando hacia ella.

Non serviam! No más muñones postrados ante a la corona reptiliana.
Fight. The. Real. Enemy.

Creo que en estas tres piezas con brujas hay una ruta para la lectura de la obra de Karen en general: es el tránsito de la princesa-rosa-pastel-podrida a la Gran Reina Roja Madre que ha llegado a quebrar, a quemarlo todo. Leamos esto en el contexto mexicano actual. ¿Las mamás excavadoras de los cuerpos de sus hijos les dicen algo?

(Irónicamente, la Reina roja de Karen Reyes tampoco se ha exhibido aquí: por razones de presupuesto la pieza no pudo asegurarse— pueden consultarla en @karenreyesssss, 18 julio 2018.)

***

Tal vez el núcleo de esta muestra lo ubicaría en Obituario de las Américas. En ella, la artista nos presenta a una persona de piel negra, sin rostro y la Casa Blanca en una especie de limbo. ¿Qué está ocurriendo aquí? ¿Qué es esa bruma pastel? ¿Son los algodones cosechados por generaciones de negros esclavizados o el humo de un incendio iniciado por ellos? En esta pieza Karen nos da la posibilidad de recombinar los elementos de la escena para hacer nuestro propio relato.

Mi relato es este: contra toda teoría cromática, pienso que en el interior del color negro, en su yema, se contiene un iris. Y como en la alquimia, necesitamos todos los colores del espectro para pintar el mundo que vendrá, pero hay que empezar por atreverse a hendir los dedos en lo putrefacto.

En su obra, Karen Reyes identifica al enemigo. Es cuestión de cada uno poner el cuerpo contra él. Si el capitalismo es un hidra, nosotras también podemos serlo. Nuestra invitación es a aprehender esa vía sutil y concisa y a seguir creciendo cabecillas, una tras otra, y a lucirlas, como la sacerdotisa O’ Connor nos enseñó.





Vencer el espejo
Por Virginie Kastel


En su producción, Karen Reyes trabaja con el retrato y por lo tanto su pintura tiene una relación estrecha con la fotografía. Para un pintor, sabemos que la selección de la fotografía nos indica que ya ha comenzado a pintar; esta selección nos informa del cliché pictórico que ese mismo pintor ha decidido tumbar (Deleuze).

Karen Reyes, por otro lado, deja en claro la relación anecdótica que tiene con su material con el que entabla una discusión abierta e intuitiva, permitiendo que el trayecto entre lo que se quiere y lo que se encuentra pueda revelar su simbología. Esto me parece importante más cuando la intención de la pintora es romper los lazos propios para con la idea de la belleza. Desde un inicio sabemos que la intención de Quiebre de afección, y en particular de la serie de Artificio inestable de añadidos y sustituciones es la de una ruptura de una idolatría. Desde un inicio estamos advertidos: la pintora toma como cliché pictórico la idea de la belleza femenina. ¿Qué existe en una mujer más allá de lo que proyecta? ¿Porqué despierta admiración la belleza? ¿Qué implica la belleza para una mujer? Algo muy claro es que estamos ante una serie de representaciones de iconos del cine y del arte y que la pintura es el medio a través del cual opera el quiebre de la afección que sentíamos por ellas, afección transmitida por las imágenes fotográficas que otorgan inmortalidad. Pero también, desde un inicio estamos ante varias ambivalencias. Por un lado, no son 8 mujeres retratadas sino 7 mujeres y un travesti, el último siendo uno de los artistas pop más célebre del siglo XX. 4 de las mujeres son actrices o encarnan personajes en el retrato, 2 son anónimas. Por otro lado, es preciso decir que afección tiene un doble significado, puede significar dolencia al mismo tiempo que admiración. De esta doble ambivalencia que trabaja por capas tal y como opera el proceso pictórico deducimos que la ambivalencia es central como posibilidad pictórica y por ende interpretativa en el trabajo de Karen Reyes. De estas primeras observaciones se puede decir que, para la artista, el trayecto de trayecto de lo que acontece entre la intención, el modelo y la pintura es definitorio de lo que aparece en el transcurso de la pintura.

En Artificio inestable de añadidos y sustituciones las retratadas, en su mayoría son celebridades, por lo tanto la serie no solo trata de lo que proyecta su ‘persona’, ya que precisamente la fotografía y su notoriedad los han despojado de intimidad, las podemos reconocer porque son iconos y fueron inmortalizadas por mediación de la imagen. Hay un rasgo común entre los rostros seleccionados: son arquetipos de belleza limítrofe. Las retratadas muestran una relación de límite con el género: una es un personaje malévolo, la otra tiene la cabeza rapada, la otra es un artista cuya homosexualidad fue reprimida. Son retratos de mujeres que presentan un problema para lo normativo y el límite, o la idea de lo femenino.
Me llama la atención el concepto de quiebre. Donde existe una intención de quiebre opera una declaración violenta porque resulta en una ruptura. Lo que se rompe fue puesto a prueba de una tensión externa y definitiva. La pintura es la operación por la cual esto acontece, de esta operación inicial surgen otras operaciones. Es importante comprender como lo hizo Deleuze, que si un hecho pictórico es lo que queda del acontecimiento de una catástrofe sobre el cuadro, aquí se explota la catástrofe como tema y como posible. Y esto es especialmente cierto en Obituario de las Américas, una declaración de guerra simbólica al colonialismo en el que la quemadura de la Casa Blanca es una respuesta al neoliberalismo y al sistema de dominación patriarcal. La acción simbólica (representación) de quemar la Casa Blanca en una atmósfera rosa y con fondo de rola de metal es el pasaje al acto de un ajuste de cuentas y una demanda por la justicia. Difícil no ver la relación entre las mujeres encapuchadas que demandan cambios institucionales y conductuales en las calles de México, la portada de este disco y la experiencia personal. El sentimiento de no pertenencia es indisociable del de exigencia, justicia y rabia.

Otra de las preguntas que surgen es la siguiente: ¿Cómo opera el quiebre desde el aparato visual? En el pasaje de la fotografía a lo pictórico y en las alteraciones del color. ¿Pero de qué nos habla este color? El uso de un rosa pastel como fondo y adorno para rostros cuyos ojos están inyectados de rojo, miradas poseídas, que nos podrían hacer pensar en un primer lugar que estamos ante una pintura emocional, y sí pero no exclusivamente: la intención de quiebre y el ataque a la mirada nos conduce de igual manera, o de manera más determinada a la psicología. Y aquí se sitúa una crítica de la belleza que trata no nada más de lo convencional. Es el gesto de “admiración/aflicción” que está en la mira y sufre un quiebre porque provoca una interrogación profunda en cuanto a la exigencia de la categoría de mujer y del imposible que se le impone. De esa serie de fantasmas, femeninos zombies, transfiguradas, Reyes nos obliga a problematizar la permanencia de la apariencia. ¿De qué manera? Buscando hacernos sentir un rechazo, que también es un rompimiento. Aquí está el punto ágil de la obra, que más allá de decir, como los antiguos, que las las apariencias engañan, nos dice: ahora las apariencias te inducen a mirar lo incómodo, lo in-confortante en un rostro que tú sabías estable, cierto y bello. ¿Porqué quiere Karen Reyes quebrar la estabilidad de la permanencia del instante fotográfico? La belleza por más que la quisiéramos revolucionaria sigue imponiéndose como sistema, dejándonos perplejos ante la manera en que la plástica y el aura parecen no poder ya disociarse. Valiéndose de esa premisa y con la delicadeza de una mano frágil y delicada, Reyes nos muestra el desfase que existe entre lo que se ve y lo que se siente, así como la falacia, el disgusto, la violencia y la monstruosidad que recelen las representaciones patriarcales que componen nuestra realidad y nuestro imaginario interpersonal.



“Obituario de las Américas” (detalle), óleo s/tela, 120 x 170 cm, 2020.


“Estibador de gasolina en Yenagoa, Nigeria”, óleo s/tela, 12x18cm, 2020..

Sin título, Acuarela y grafito s/papel, 82x67cm, 2014.

“Artificio inestable de añadidos y sustituciones” (Políptico de ocho retratos, óleo s/tela, 20 x 25 cm c/u, 2020.




Mirror, mirror on the wall, who is the fairest of them all?
Por Paola Livas


Red de mitos, perversiones, afecciones y confrontaciones. Para Karen Reyes, la pintura, el dibujo y el fanzine son algunos de los lugares donde sus cuestionamientos se manifiestan, las referencias y apuntes que guarda, a veces sin darse cuenta, se canalizan y forman collages en sus composiciones. Pinta para decir, para enunciar. Frente a la imagen creada, procede a desenredar todo lo que le cuestiona. Es este proceso impulsivo, convulso y desacompasado el que reivindica la salida pictórica de sus piezas. Estas pinturas lo mismo cuentan historias, que buscan destruirlas.

De héroes y antihéroes se constituyen las narrativas tradicionales; pero la obra de Reyes apunta a que hay más en la leyenda, la protesta y la réplica que nos enraíza en lo humano. La corrupción y la violencia se vislumbran en la fachada de una Casa Blanca que parece simular un templo griego. Fundamentada en un racismo colonial que dista de ser erradicado, la situación política estadounidense (como la propia) es adversa. La hostilidad y sus matices raciales, de género y de clase son imperantes, una confrontación constante. Este es un sitio propio para cuestionar al poder, cada vez menos sólido, cada vez más agrietado. Lo bueno, lo malo y lo feo en una misma entrega.

Hay una segunda confrontación, ésta con uno mismo, con el espejo: mirror mirror on the wall, who is the fairest of them all? Los retratos se desvirtúan en figuras exaltadas, acaudaladas, explotadas y heridas. Se quiebra el espejo y los vidrios rotos caen por todos lados; Warhol con peluca en una de sus polaroids, Sinnead O’Connor al enunciar su icónica frase fight the real enemy y una prostituta de una fábula vernácula francesa son algunos de ellos. Se nos revela que detrás de nuestros ojos ya hay un conjunto de características que distinguen la belleza y lo virtuoso, que vivimos luchando guerras fútiles contra el propio cuerpo y el del otro. La belleza, como la leyenda, tiene vigencia. El sujeto devela su vulnerabilidad al exhibirse, envejecer, protestar el régimen, travestirse, despojarse de mandatos morales y estéticos, de exhibirlo todo en papel. Y no hay nada más peligroso y poderoso en este mundo que mostrarse vulnerable.







Sin título (dreamy scene) óleo s/tela, 50 x 40 cm, 2020.



Watch video documentary about this exhibition here:
https://youtu.be/bCalBHxLtVQ






2º Premio Estatal Arte Nuevo León

Diciembre 2020 - Nave Generadores, Centro de las Artes, CONARTE. Monterrey, N.L.

Curaduría de Lucía Lara

Con la participación de  Paula Cortázar, Dominique Suberville, Daniel Martínez, Mayra Silva, AMATORIA, Nora Gómez, Edén Bastida Kullick, Karen Reyes, Reynaldo Díaz Zesati, Renard, Marcel del Castillo, David Meraz, Baldomero Hernández, Gina Arizpe, Adriana Zárate, Ramiro Martínez Plasencia, La lucha libre, José Luis Díaz, Perla Tamez Aguirre, José De Sancristóbal, María Fernanda Barrero Ademe, Iván Manríquez, Lorena Rodríguez, Luis Frías Leal, Yasodari Sánchez, Tony Allen, Natalia Rodríguez Caballero, Marco Ávalos, Elisa Pasquel, David Garza, Samuel Cepeda, Isaac Rincón, Maurilio Rojas-Martínez, Alessandra Baragiotta, Humana & Generosa, Fernando Gallegos, Liz Zabroky y Pamela García.


“Artificio inestable de añadidos y sustituciones” (Políptico), óleo s/ tela, 66 x 52 cm (8 piezas de 15 x 25 cm c/u), 2020.




En Artificio inestable de añadidos y sustituciones aparecen Galina Sergueieva, actriz que protagoniza Boule de suif (1934), Sinead O’Connor, Diane Von Furstenberg, Emily Fisher Landau, Andy Warhol, la actriz Claire Magnin como la reina de Blanca Nieves en el filme Elle voit des nains partout! (1981) y otras dos mujeres desconocidas.

La reunión de estas imágenes, que originalmente fueron fotografías, también reflectan la dificultad de ser convertido en una imagen coleccionable, o la imposición ideológica de una estética (¿belleza?) universal.

¿Cuáles son las nociones culturales que atraviesan a las mujeres?



Galina Sergueieva, actriz que protagoniza Boule de suif (1934), dirigida por Mikhail Romm. Una película rusa basada en el cuento de Maupassant. Su personaje es el de una mujer que se enfrenta el escarnio de una sociedad francesa en decadencia a finales de siglo XIX.

La protagonista, cuyo apodo es “Bola de sebo”, muestra generosidad y bondad a sus desconocidos compañeros de viaje. Arriesga su dignidad por el bien común para recibir una traición del resto de los viajeros.

Claire Magnin como la Reina de Blanca Nieves en el filme Elle voit des nains partout! (1981).

Imagen que encontré en la misma revista donde tomé a Galina, sin saber que se trataba de la madrastra de Blanca Nieves, quien en su afán de poseer la belleza absoluta del reino, busca desaparecerla.

Sinead O’Connor, cantautora y sacerdotisa, alcanzó la fama mundial en 1989 y en 1991 ganó el Grammy por Mejor Álbum de Música Alternativa, el cual rechazó argumentando que no aceptaba la glorificación del éxito material.

Sinead declaró haber afeitado su cráneo en un intento por perder atractivo, a causa de los abusos sexuales que ha vivido.

En 1992, cantó “War” de Bob Marley en SNL, modificando las letras de la canción, señalando el abuso infantil en la iglesia católica al romper la fotografía del Papa Juan Pablo II, terminando con el gran éxito de su carrera musical.






Diane Von Fürstenberg*


Andy Warhol


Emily Fisher Landau*




*Fotografiadas por Andy Warhol.


Tenía un montón de imágenes pegadas en la pared de mi estudio, y durante meses mientras buscaba los retratos que quería usar para esta serie, ignoré esta fotografía. No consideré utilizarla pensando que mi búsqueda era exclusivamente de mujeres.

Un día le pedí a alguien abrir un libro y al azar señalar una palabra, mi pregunta era: ¿Qué debo hacer con estas pinturas? La respuesta incluía la palabra «homosexual». No entendí cómo eso tendría algo que ver, hasta el día siguiente, sentada en mi silla, harta de no encontrar la siguiente modelo, viendo a la pared, giré la cabeza y quedé frente al rostro frío de Warhol, dando un clic en mi cabeza.

El libro en cuestión era “Contra Sainte-Beuve, Recuerdos de una mañana”, (Tusquets, 2013) de Marcel Proust, escrito en 1908, donde aparecen los siguientes extractos:

Raza maldita, porque lo que constituye para ella un ideal de belleza y un alimento de deseo es asimismo objeto de vergüenza y de temor al castigo, y se ve obligada a vivir incluso en los bancos del tribunal adonde acude como acusada y ante Cristo, incurriendo en la mentira y en el perjurio, ya que su deseo sería en cierto modo, si fuese capaz de comprenderlo, inalcanzable, ya que, al no amar más que al hombre que no tiene nada de mujer, al no amar más al hombre que no es «homosexual», sólo con éste puede saciar un deseo que no debería sentir por él, que él no debería sentir por ella, si el afán de amor no fuese un gran embaucador, si no le hiciera ver en el más infame «marica» la apariencia de un hombre, de un hombre de verdad como los demás que, por milagro, sintiese amor o condescendencia hacia él, ya que, al igual que los criminales, esa raza se ve obligada a ocultar quienes más ama, temiendo el dolor de su familia, el desprecio de sus amigos, el castigo de su país; raza maldita, perseguida como Israel y que ha acabado asimismo unida en el oprobio de una abyección inmerecida, por adoptar caracteres comunes, el aire de una raza cuyos miembros poseen todos ciertos rasgos característicos...” (Proust, p. 256).

(La raza de los mariquitas) (La race des tantes)

“Algunos, silenciosos y maravillosamente guapos, admirables Andrómedas ligadas a un sexo que las abocará a la soledad, traslucen en sus ojos el dolor del imposible paraíso con un fulgor al que acuden a abrasarse las mujeres que se matan por ellos; y, abominados por aquellos cuyo amor buscan, no pueden satisfacer el amor que su belleza belleza despierta. Y en otros casi despunta la mujer. Les han nacido pechos, buscan la ocasión de travestirse para mostrarlos, les gusta el baile, acicalarse, el carmín como una mujer, y en la reunión más seria, presas de un arrebato delirante, rompen a reír y a cantar.” (Ibídem, p. 265).









Llena eres de gracia, óleo s/ tela, 2.40 x 1.95 m, 2015.


“La sangre que corre”
GAC - Monterrey, N.L. - Sept 2017



Un compromiso con la muerte. El caos visto a través de la pantalla. ¿Qué provoca una explosión? La artista nos arrastra hacia un mundo de solitud. Ella misma, se descubre aislada, poseída por los colores que expulsa; que la explotan. Nos recuerda, mejor aún, nos sumerge al siglo atroz que habitamos a través de su delicado y brutal. Obliga a sentir que la verdadera televisión es la ventana.

- Bruno Darío




¿Quién es Anwar Congo?, Acrílico y óleo s/ tela, 2.40 x 1.90 m, 2014.

“Magia en Kuwait”, Acrílico y óleo s/ tela, 2.40 x 1.95 m, 2014.

“Audrey y su padre” (Daddy, I think you need some help), óleo s/ tela, 2.40 x 1.95 m, 2016. “El olvido”, óleo s/ tela, 1.70 x 1.30  m, 2015.

“Últimos boletos” (Edén I, Mujer en la calle Morelos), óleo s/ tela, 1.70 x 1.30m, 2017.

"Lo invisible" (Autorretrato), óleo s/ tela 1.40 x 1.90 m, 2016. “Extraños junto a un lago” (Victorialand), óleo s/ tela, 2.40 x 1.95 m, 2017.
"Nadine" (Detalle), Acrílico y óleo s/ tela, 2.40 x 1.90 m, 2014.
"Goodbye" (Julee Cruise), oleo s/tela, 2.40 x 1.95 m, , 2015.
Laura Palmer, óleo s/ tela, 1 x 1.40 m, 2015. Genesis Breyer, óleo s/ tela, 1 x 1.40 m, 2015,
Capitán Fantasma (Santiago Reyes Quesada), óleo s/ tela, 1.70 x 1.30  m, 2017.



“Estudio de un virus”, óleo s/tela, 100 x 80 cm, 2015.




El inverso de lo Bello

Ene 2017 - Leun’un Arte Habitación, SPGG.



En esta exposición titulada “El inverso de lo bello” Karen nos narra en multitud de acertijos fragmentarios las peculiaridades de sus intereses tanto personales y como artista. Rico en simbolismos y contrastes iconoclastas, la obra de Karen Reyes expresa su singular experiencia a través de lentes perversos que nos gritan hacia nuestros adentros que el emperador no inaugura un traje nuevo, sino que va desnudo.

La obra se presenta como un reto y posiblemente hasta una amenaza, una que nos obliga a contemplar el reverso de nuestras sensibilidades. Toma todo lo que la buena sociedad considera bello y lo pone de cabeza, nos muestra el cliché, en toda su gloria cotidiana y suburbana y lo destaza para que podamos verlo desde adentro. Hace de cada uno de los que observamos, a veces disgustados y a veces embelesados, un médico sin escrúpulos. Nos coloca el bisturí en la mano y nos invita a cortar. Desde el cuidado delicado y obsesivo expresado en sus trazos, hasta la composición y armonía sincopada que encontramos al interior de sus obras, podemos decir que Karen nos desafía a mirar detrás de este gran teatro que montamos al representar nuestras vidas y que observemos las entrañas sucias e incómodas que conforman su sustancia.






Es por esta cualidad de enfrentamiento que la obra plástica de Karen Reyes es tan valiosa. Inicia el diálogo sin tapujos sobre lo que consideramos bello, sobre los fundamentos en los cuales erigimos todo lo que valoramos como sociedad e individuos. “Estudio de un Virus” es un ejemplo bastante eficaz de lo dicho anteriormente. La delicadeza con la que pinta aquellos bulbos carnosos, entremezclados con figuras humanas de singular belleza expresa esta disparidad. ¿No es el mismo cuerpo que nos hemos esforzado tanto en deificar el anfitrión de un crecimiento canceroso? El portador de flemas y desechos. ¿De qué creación metafísica surge lo que hoy llamamos bello?

Si pudiéramos encontrar un infierno que nos mostrara lo real en los poemas a Laura de Petrarca encontraríamos piezas como esta. Es esta discusión, inaugurada hace ya algún tiempo, pero cristalizada a la perfección en estas obras, la que vuelve de piezas como la mencionada o “Tríada” y “Paradise” en objetos culturales que merecen ser analizados y cuestionados con detenimiento.

- Jorge Orozco






de la serie “Belladonna”, Lápiz de color s/ papel, 22 x 28 cm, 2014. de la serie “Belladonna”, Lápiz de color s/ papel, 22 x 28 cm, 2014.

   de la serie “Belladonna”, Lápiz de color s/ papel, 22 x 28 cm, 2014.
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Sin título, Óleo s/ tela, 22 x 28 cm, 2013
Sin titulo, grafito s/papel, 28 x 22 cm, 2014.

“Paisaje nocturno”, óleo s/ tela, 40 x 50 cm, 2014
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“Paradise”, óleo s/ tela, 40 x 50 cm, 2014.

“Paradise”, óleo s/ tela, 40 x 50 cm, 2014.



Conmoción 2.0 - Paisaje Emocional

Marzo 2017 - Casa de la Cultura de Nuevo León, Monterrey, N.L.

Curaduría de Sara López

Exhibición colectiva junto a Cecilia Martinez, Baldomero Hernández, Gerardo Monsiváis, David Meraz y Gabriel Garza.

"Nina Hagen", Acrílico y óleo s/ tela, 2.40 x 1.95 m, 2014. "Estudio de un virus", óleo s/tela, 100 x 80 cm, 2015.